
La discusión política en Argentina siempre estuvo atravesada por diferencias profundas. Pero hay una frontera que no se puede cruzar sin dinamitar la democracia.
La Provincia de Santa Fe se encuentra en una crisis estructural. Si bien hay situaciones emergentes que hacen poner el foco en otros conflictos, o creer que es una crisis institucional/estatal, puede llevarnos a conclusiones equivocadas o minimizar la importancia de la misma.
Editoriales - #NuestraMirada12/07/2021El modelo de producción es el que se resquebraja. Un modelo que está basado en un esquema agroindustrial de base neoliberal que está atrincherado en instituciones, dirigentes y organizaciones del ámbito privado, medios, y referentes en los tres poderes. Y esto confronta con las necesidades y derechos de vastos sectores populares, ésos que vienen desde siempre retrasados.
No son cuestiones separadas, tienen una íntima relación.
Frente a esta realidad no nos podemos hacer los desentendidos. Aquí el problema es de fondo y mucho más grave que las leyes de Saín, las investigaciones sobre la relación del delito con la política, o legisladores y fiscales corruptos. La nuestra es una provincia rica, con miles y miles de personas debajo de la línea de pobreza y sin necesidades básicas satisfechas (un nombre muy técnico para decir: gente que no come lo necesario para vivir), y que no se explica diciendo “que a algunos no les gusta trabajar”, o es "una incorrecta administración de los recursos". La realidad explicita un modelo y una determinada secuencia de consolidación y distribución de la riqueza.
Hay cuestiones que derivan una de otras, y a veces se dificulta tener una lectura apropiada, pero cuando suceden situaciones como la “estafa” de Vicentín, ataques a los derechos laborales (en lo privado y público), o se estigmatiza la toma de tierras (discusión que merece un párrafo aparte y no lo vamos a hacer en este texto) y se persigue a los pobres, deberemos reconocer que no existe la misma equidad, el mismo tratamiento a las mayorías populares y sus problemas.
En esta Provincia no se puede expropiar nada porque automáticamente será vetado, no se puede anunciar ninguna medida que cuestione a la propiedad privada, porque al instante aparecerá la intervención de instituciones o el propio Gobierno para que ello no suceda. Los ejemplos oficiales abundan en esta dirección.
Es cierto, que a veces, un tema coyuntural hace que el conjunto de la ciudadanía ponga su mirada y atención sobre hechos puntuales. Por citar dos de cierta relevancia, podríamos mencionar la altísima criminalidad en varias ciudades o fiscales sobornados, y es valedero que legisladores y partidos se preocupen y ocupen por estos temas y se trate de dar transparencia a la función pública. Pero la esencia del problema esta enquistada en las estructuras que dan sustento a hechos, personajes y sectores económicos.
En todo caso estos hechos son una consecuencia de la estructura a la que estamos haciendo referencia. Existen íntimas relaciones. La información sin el contexto deja de informarnos. Incluso llega a confundirnos alterando la percepción de la realidad.
Los lobbies a favor de los grandes grupos económicos atraviesan la realidad cotidiana, sólo con leer secciones económicas de varios sitios web rosarinos, rafaelinos o de Santa Fe Capital se podrá corroborarlos. Aún si estamos frente a daños tremendos a productores, cooperativas, y trabajadores; se seguirá insistiendo en “la preocupación” ante el Dragado y Balizamiento del Paraná que tiene el sector productivo. No importa si por allí pasa el contrabando de granos, de mercaderías, drogas, mujeres o niños/as, sin supervisión alguna.
La conclusión que ellos determinan es alarmante: El Estado solo puede controlar hasta el límite que marcan los negocios o cuando los escándalos corren la línea de la impunidad contra los poderosos.
Entonces imaginamos una Santa Fe que decide y hace por sí sola, y a ello le decimos federalismo, cuando, después de años de avances y retrocesos, sabemos que sin un proyecto nacional, el manejo de una Provincia, una ciudad o un Concejo municipal termina anquilosando a la política y a sus exponentes, o sirviendo a intereses, esos de la anti política, del descrédito, del vale todo para salvarse.
Miremos, como a través de los años, se ha venido manejando la salud y la educación pública, donde se cruzan los aciertos/avances, con habilitación del "negocio" a los privados (dónde el de los medicamentos es muy grave pero no el único), y con el correr de las gestiones, se han habilitado espacios gubernamentales a los representantes de ese estamento económico.
Para modificar, para intentar siquiera cambiar algunas de estas situaciones hay que primero tener un diagnóstico correcto de la situación, de los actores, grupos, intereses y estructuras que existen, y su real incidencia en que los acontecimientos para que ocurran de una manera determinada previamente, en donde los trabajadores/as, los pobres, los de pata al suelo y quienes asumen sus legítimos derechos organizadamente, terminan siendo excluidos, desacreditados, restringidas sus reivindicaciones, cuando no les mandan la policía.
Hay que empezar a ponerle nombre a cada situación, grupo o persona. Si un dirigente político se referencia en la Fundación Libertad, la Bolsa de Comercio de Rosario, o integra la RAP, es imprescindible contar lo que esto implica en las decisiones que él/ella tome.
Al Poder hay que exponerlo, a sus emprendimientos, negocios/negociados, profesionales y directivos. Y por sobre todo, desnudar el entramado internacional y su impacto local en la toma de muchas decisiones sobre políticas estatales provinciales. Allí podemos dimensionar la trascendencia de la comunicación, no sólo en la denuncia sino, y fundamentalmente, en la construcción política.
¿Quiénes son las personas, grupos, empresas que controlan el negocio de la tierra y lo que en ella se produce? ¿Cuáles son las instituciones que los expresan y por sobre todo sus legisladores, funcionarios ejecutivos, gerentes, bancos y espacios de coordinación para implementar o defender sus demandas?
La Reforma constitucional, un cambio en lo financiero y tributario, intervenir en los resortes de la economía desde el Estado, una transformación del aparato judicial son cuestiones que hoy parecen prioritarias. Sumado a muchos otros elementos que deben estar en consonancia con políticas nacionales.
Frente a este espejo de la realidad el llamado a la unidad adquiere otra dimensión y exige aunar criterios para avanzar en procesos de mayor organización y movilización popular. Sin leer cuáles son los poderes que están interviniendo en los problemas nuestros de todos los días, todo lo hasta aquí expresado, quedará sólo en una reflexión para consumo interno.
Que señalemos la crisis, no significa que la Provincia y sus estructuras vayan a implosionar. Es más, la experiencia indica que el sistema desarrolla muy bien sus mecanismos de preservación y de recambios pero desde ahí debe partir el debate para no confundirnos. Si bien las transformaciones en democracia suelen ser más lentas de lo previsto y lo deseable, lo peor que podríamos creer es que la disputa central está en los fueros de un Senador o la vocación denigrante de los que quieren dar el ejemplo moralizador, defenestrando hasta las últimas consecuencias a un ex Ministro.
Desnudar al poder, mostrarlo en la escena, ver qué lugares ocupamos desde los espacios nacionales y populares y plantear las disputas que vienen es el desafío que encaramos con el pesismismo de la inteligencia y la esperanza de la voluntad.
La discusión política en Argentina siempre estuvo atravesada por diferencias profundas. Pero hay una frontera que no se puede cruzar sin dinamitar la democracia.
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