
Se acerca el año 2026 y se suelen hacer balances en todos los niveles de nuestra vida, donde la actividad de las organizaciones políticas, sindicales, sociales, intermedias y comunitarias debería estar incluida en los mismos.
Francisco fue uno de los nuestros: el que puso a los de abajo en el centro, rompió muros y tendió puentes. Su muerte es parte del hilo que conecta las luchas populares de los últimos 25 años.
Editoriales - #NuestraMirada27/04/2025
Martín OrellanoSe nos fue uno de los nuestros.
No uno de los del bronce ni de las estampitas. Uno que se lavaba sus propias medias. Uno que no solo abrió las puertas de la Iglesia, sino que directamente las sacó de cuajo. Uno que abrazaba a los pobres, a los putos, a las putas, a los travestis, a los sin tierra, a los no binarios. Uno que hablaba de Techo, de Trabajo y de Tierra, mientras pedía, una y otra vez, que recen por él.
Francisco fue ese raro que entendió que la fe no se predica desde arriba, sino con los pies en la tierra. Que habló de una Iglesia de pecadores, porque sabía que la otra, la de los puros, no existe. Que descartó lujos y tendió puentes en un mundo que cada vez más se llena de muros.
Después del Concilio Vaticano II nadie había cambiado tanto en tan poco tiempo. Aquella revolución había girado la mirada de la Iglesia: de mirar sólo a Dios a mirar a las personas. A reconocer un mundo injusto, a hablar de oprimidos y opresores. De ahí brotaron en América Latina los Curas del Tercer Mundo, una generación valiente que la Dictadura y la violencia se llevaron demasiado pronto. Esa semilla quedó escondida, hasta que el menos pensado llegó al papado y puso las cosas de nuevo en su lugar: donde los de abajo son los de arriba, y los de arriba, los de abajo.

Y hoy también se cruza otra fecha de nuestra historia reciente. Se cumple otro aniversario de aquella elección que cambió la política popular, cuando el menos pensado, el menos votado, devolvió la esperanza a una sociedad golpeada y descreída tras el 2001. Ese que se jugó entero y que, como Francisco, no entregó sus ideas en ninguna puerta del poder.
Sin Néstor, no habría habido un cartonero como Sergio Sánchez invitado al Vaticano. Es el mismo hilo de nuestra historia, la que se teje desde abajo, hace ya 25 años.
Cada época tiene sus muertos, como cada vida tiene sus ausencias. No siempre las superamos bien; aprendemos a vivir otra vez, reconfiguramos y seguimos. Pero hay muertos que se quedan vivos, porque asumieron las responsabilidades de su tiempo para favorecer a los de abajo. No porque las academias lo digan, sino porque los de pata al suelo no los olvidan.
Y si mirás quiénes se pararon del otro lado de sus ideas, es fácil saber de qué lado de la mecha estábamos.

Se acerca el año 2026 y se suelen hacer balances en todos los niveles de nuestra vida, donde la actividad de las organizaciones políticas, sindicales, sociales, intermedias y comunitarias debería estar incluida en los mismos.

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