
NO ES UNA CUESTIÓN DE LOCURA
Seguramente, con el paquete de leyes que presentará una vez que asuma, la lectura que hagamos podrá profundizarse, y aclarará, aún más, distintos aspectos del plan que van a intentar llevar adelante.

Cualquiera sea la conclusión, los alcances, y los referentes que expresen lo antes anunciado, está claro que este proyecto qué el futuro Presidente expresa, no es obra o delirio de un loco, de un desiquilibrado, más allá de la anécdota o las frases altisonantes que pronuncia.
Desde aquel economista que vociferaba en la TV a este que va a conducir los destinos del país ha habido un proceso de instalación de su figura, una estrategia de comunicación, una elaboración de discurso y una plena convicción a que sectores sociales y etarios debía apuntar para la acumulación política.
El no ha sido un delirante, ni hay improvisación en algunos que lo acompañan. Hay un proceso, una estrategia y una serie de medidas que pretenden modificar el mapa social, político, cultural y democrático de la Argentina.
Esto desde ya presupone que seguir catalogando a Milei como un loco, no sólo es perder el tiempo, sino un grave error político. Andar navegando, compartiendo en redes flyers, videos, y otros formatos en esa lógica, no ayuda en nada a generar con distintas herramientas un debate, un mano a mano con algunos de aquellos sectores que lo votaron.

Desde la comunicación es necesario producir nuevos contenidos y definir las herramientas idóneas para ello.
Hay que terminar con la catarsis, con escritos, por ejemplo, que hablan de valores que habría que tener en estos momentos, salir de la bronca, de los mensajes para los convencidos que adoptan la militancia del pulgar para arriba, del like, del me gusta, de la carita sonriente. Dicho de otra forma, tenemos que corrernos de la lógica que el sistema nos pone, para crear nuestra propia manera de entendernos con el otro; pues hay una base social que no es oligárquica, sectores etarios absolutamente desinformados, a los cuales no les vamos “a llegar” con frases hechas o repitiendo viejos esquemas.
Repensar en esta perspectiva, también, debe presuponer adentrarnos en una verdadera autocrítica, necesaria e imprescindible para encarar lo que se avecina. Actitud ésta que debería involucrar a todos los partidos, movimientos sociales, sindicatos y distintas expresiones organizativas del campo nacional y popular.
Las y los comunicadores acá estamos, aceptando este desafío, planteando premura de mayores niveles de coordinación con otras experiencias y redes, para definir agendas y construir contenidos. Para lo que se necesite y para los que los necesiten.



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