
Se acerca el año 2026 y se suelen hacer balances en todos los niveles de nuestra vida, donde la actividad de las organizaciones políticas, sindicales, sociales, intermedias y comunitarias debería estar incluida en los mismos.
Aunque los cambiemitas se pongan otra camiseta, todos sabemos para qué lado patean. Lo más grave es que muchos votantes están tan confundidos que aplauden los goles en contra.
Editoriales - #NuestraMirada28/07/2021 Gustavo Rosa
A pocos días de la presentación de las listas, los “juntistas” se sacan chispas.
Reproches, chicanas, descalificaciones que indican que más que una interna, protagonizarán una guerra. La viralización de los tuits de una de las pre-candidatas de Patricia Bullrich en CABA demostró que no son prolijos, coherentes ni patriotas. Ni siquiera conocen la Constitución por la que van a jurar en el Congreso. Además, afirman ser lo que no son, como el trasplantado Diego Santilli. Y casi todos hablan de temas de los que ni tienen idea. Sobre todo, sugieren el público al que se dirigen: un individuo desmemoriado, desatento, odiador, indignado que pondrá su voto sin pensar en lo que hará el beneficiado para diseñar un país mejor.

Lo más escandaloso de estos días fue la catarata de mensajes desempolvados de la pre-candidata Sabrina Ajmechet, que no es una barrabrava de cantina sino una profesora universitaria. De Historia, lo que aporta cicuta a sus dichos. El odio borra todo conocimiento previo. Si bien estos tuits tienen más de ocho años, la gravedad de su contenido no tiene fecha de caducidad. Algunos miembros de la amalgama política que la sostiene exigieron que pida disculpas, algo muy difícil en el caso de “Haga Patria, mate un judío”, escrito en 2013. No es que los otros sean menos embarazosos, pero de algo así no se vuelve por más que se deshidrate en lágrimas.

Que alguien que ocupa una cátedra de Historia afirme que "Las Malvinas no son ni NUNCA fueron argentinas" no puede despertar respeto entre sus estudiantes y sí avergonzar a las instituciones que la tienen como profesora, la UBA y la UNSAM. Además de anti histórica, la pre-candidata es anti patria con frases como "las Malvinas siguen siendo inglesas" o "las Malvinas no existen, las Falkland islands son de los kelpers". Algunos desorientados apelarán al respeto de la opinión “de los que piensan distinto”, pero esto escapa a ese pacato tópico: la defensa de la soberanía en Malvinas es un mandato constitucional que todos debemos respetar desde cualquier lado de La Grieta y más aún cuando alguien aspira a representar al pueblo en el Congreso. La Libertad de Expresión no tiene nada que ver con esto, aunque lo dibujen como quieran.

Pero no es la única que se enreda con su lengua. La periodista rosarina Carolina Losada ha dicho algo no tan punzante, pero igual de doloso. La gravedad en la que incurre esta juntista con aspiración a banca es la estigmatización de una parte de la sociedad. Quien asegure que “los chicos santafesinos sueñan con ser narcos o sicarios”, no está aportando lucidez a la campaña sino todo lo contrario. Ni datos ni piedad y menos propuesta. La nada, como casi todos los amarillos que supieron ser cambiemitas. Tan nada como Diego Santilli que, de ser Vicejefe de gobierno en la CABA pasa a ser candidato a diputado por provincia de Buenos Aires. Y esto es grave porque es como si el intendente de Rosario, Pablo Javkin, de la noche a la mañana, apareciera como candidato en Córdoba. Más allá del problema de domicilio, también está la identidad territorial.
Pero Santilli no tiene un pelo de zonzo, como se demostró en la previa con esa absurda y superficial pre-campaña de la fotografía de su cabellera. El colorado sabe que el destinatario de sus palabras se abraza a cualquier sandez, por más insostenible que sea. Por eso puede decir sin ponerse más colorado de lo que es que “el modelo del PRO es el de Lula”. Una muestra de lo hipócritas que son, porque ellos aplaudieron la destitución de Dilma Rusef sin motivo, la asunción del insostenible Bolsonaro y homenajearon al juez Moro que metió preso al ex presidente Lula “sin pruebas pero con mucha convicción”. Una señal de lo engañosa que es la palabra de estos impresentables. Y tan irrespetuosos que obligan a sus seguidores –odiadores de lo popular- a que cambien diametralmente de ideas para votar lo contrario de lo que han sostenido siempre. Demasiado esfuerzo para los prejuiciosos pero facilísimo para los manipulados con énfasis. Por eso ahora les resulta simple denostar el acuerdo con el laboratorio Pfizer por la vacuna que unos meses atrás adoraban como si fuera maná.

Por historia y por presente, esta fuerza no política debería perder escandalosamente en cualquier latitud del planeta. Si pueden obtener algunos porotos es por la inaceptable protección mediática y judicial que les ha permitido llegar hasta aquí. Y también por la distracción a conciencia de los que siempre se niegan a ser ciudadanos.

Se acerca el año 2026 y se suelen hacer balances en todos los niveles de nuestra vida, donde la actividad de las organizaciones políticas, sindicales, sociales, intermedias y comunitarias debería estar incluida en los mismos.

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