
Se acerca el año 2026 y se suelen hacer balances en todos los niveles de nuestra vida, donde la actividad de las organizaciones políticas, sindicales, sociales, intermedias y comunitarias debería estar incluida en los mismos.
Mientras los juntistas vociferan como si estuviéramos en el subsuelo, los funcionarios del Frente de Todos generan soluciones todos los días. Los que rompieron todo ahora dan consejos para la reconstrucción, pero desde la Casa Rosada hay mucha gente que está acostumbrada a edificar sobre las ruinas.
Editoriales - #NuestraMirada11/08/2021 Gustavo Rosa
Entre la lucha contra pandemia y las pantomimas de la oposición, nos olvidamos de echar una mirada al país que se está construyendo, que no es poco. El horizonte a la vista necesita considerar dos puntos de partida: la amenaza del Covid que comenzó en marzo del año pasado y los estragos producidos por el macrismo en su funesto gobierno. El primero, afectó al mundo entero y lo sigue haciendo; el segundo, si bien no es un invento puramente argentino, es el conocido modelo neoliberal que se aplicó en su versión más astrosa, cínica y hasta maligna. Quien aún considere que los cambiemitas cometieron muchos errores en su paso por La Rosada, tendrá que revisar los papeles porque gran parte de lo que hicieron fue adrede para desmantelar un proyecto de desarrollo con inclusión e implantar un plan de negocios, despojo y exclusión sin límites.

Los argumentos que apuntalan esta afirmación son muchos, pero no nos detendremos en ellos salvo para contrastar con lo que ahora está haciendo el gobierno de Les Fernández. Este recorrido no será triunfalista, pero sí alentador para desterrar el pesimismo con el que arremeten los medios hegemónicos agoreros. Entre las malas, el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones tendrá que trepar muchos escalones para recuperarse, pero el impulso, ya lo sabemos, no será dado por ninguno de los exponentes de la derecha. Por el contrario, lo que hicieron y lo que prometen acrecienta aún más la desigualdad. Aunque ahora prediquen lo contrario, no veían la hora de incrustar una reforma laboral en beneficio de la economía concentrada. Por más que simulen preocupación por los jubilados, no hay que olvidar que los amarillos eliminaron los medicamentos gratuitos, reemplazaron la jubilación con moratoria por la PUAM, desigualaron más con el verso de la Reparación Histórica y cambiaron la fórmula de actualización para achatar los haberes. En lugar de pedir disculpas, aparecen como candidatos para engañar otra vez a sus desmemoriados votantes.
Aunque están muy atrasadas, las jubilaciones se incrementarán 3 puntos más de lo que hubieran aumentado con la fórmula de Macri. Y los salarios, que a veces empatan con la inflación, por lo menos se discuten en paritarias, suspendidas durante el Macrismo. La intención es diferente, por si no queda claro: los cambiemitas en todas sus variantes, defienden el modelo del derrame, que es más succionador que derramador y cuando gestionan inversiones, sólo piensan en la especulación financiera.

Los anuncios de obras eran sólo eso. Cuando asumió la nueva gestión, en el ministerio de Obras Públicas había 270 obras vigentes, el 70 por ciento de las cuales estaba paralizada. En cambio, en un hecho sin precedentes, Alberto inauguró de manera simultánea cien obras de verdad en municipios existentes. Y esto forma parte de un plan integral con 1819 obras en ejecución en las 23 provincias y la CABA. "No son puestas en escena –aclaró el ministro Gabriel Katopodis- son obras en cada rincón del país gracias a una decisión del presidente de que sean la obra pública y la industria nacional las palancas para poner de pie al país".
Además, el Fondo de Garantías de Sustentabilidad de la ANSES –clave en momentos críticos- efectuó una considerable inversión en proyectos productivos en el último mes que generará cerca de 10000 puestos de trabajo. ¡Qué diferencia con Macri, que dilapidó cerca de 30000 millones de dólares, un 50 por ciento! Por supuesto, para repartir entre sus amigotes y no como hace el gobierno del Frente de Todos, que reparte entre los que menos tienen. Eso es lo que más molesta a los ahora juntistas. El Ahora 12, 18 y 30 los hace rabiar, como confesó en 2016 Javier González Fraga, con esto hacen “creer que con sus sueldos medios pueden comprar plasma, celulares y viajar al exterior”. La creencia se hace realidad cuando un nuevo objeto cruza la puerta de casa, habría que explicarle al que le otorgó préstamos irregulares a Vicentín desde su trono en el Banco Nación.
Y para hacer enojar más a los desigualadores, el Presidente lanza el plan Argentina Programa, una capacitación para jóvenes que no sólo incluye cursos de informática sino también un subsidio para la adquisición del equipamiento necesario. En ese acto, Fernández destacó que “es impensable vivir en un mundo donde la conectividad no llegue a todos. Se enojan porque digo que internet es un servicio público... ¡que se enojen! Porque vamos a hacer de internet un servicio público para que llegue a todos los argentinos y las argentinas y que no nos estafen ni nos roben con las tarifas”. Claro que se enojan los que se creen dueños de Todo, esos mismos que se esconden bajo las faldas de la Justicia para no pagar el Aporte Extraordinario de las Grandes Fortunas.

Argentina no está paralizada como algunos piensan. El Covid nos agarró mal parados, nada más. En esta campaña que se inicia, no hay promesas, sino un proyecto en marcha, no hay anuncios adornados con marketing, sino decisiones que sostienen a una sociedad azotada. Falta, por supuesto, pero sólo por este camino vamos a acercarnos a un país más igualitario porque por el otro, vamos seguro a un nuevo abismo.

Se acerca el año 2026 y se suelen hacer balances en todos los niveles de nuestra vida, donde la actividad de las organizaciones políticas, sindicales, sociales, intermedias y comunitarias debería estar incluida en los mismos.

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