
Se acerca el año 2026 y se suelen hacer balances en todos los niveles de nuestra vida, donde la actividad de las organizaciones políticas, sindicales, sociales, intermedias y comunitarias debería estar incluida en los mismos.
En un país, inserto en un mundo donde la tendencia es cada vez más la deshumanización y la lógica del mercado parece ser el único dogma, se vuelve muy difícil arrancar por un lado a esta suerte de catarsis que termina siendo está editorial.
Editoriales - #NuestraMirada30/11/2025 Selva Bobadilla RamseyerA modo de resistencia, permítanme pensar que en el decir, además del exorcismo de los demonios que nos imponen, puede habitar un pensarnos, sabernos y contarnos, desde nuestro sector de comunicadores obreros, como suerte de farito de resistencia. Y desde allí contarles de la indignación que producen y puntualmente me producen estás lógicas del mercado, aún en sus formas disfrazada.
Como ejemplo sirve el caso ocurrido esta semana, cuando el ruido mediático nos quiso distraer con imanes y eslóganes — mientras afuera, la industria se hunde, los puestos de trabajo peligran, los salarios no alcanzan y el mundo se cae a pedazos... mientras da la sensación de que nada es la única respuesta oficial.
El jueves pasado, la Cámara de Diputados se convirtió — no por sus leyes, sino por su espectáculo mediático — en un escenario de lo íntimo y lo absurdo. Un hombre subió al recinto para decir que estaba “imantado” por las vacunas contra el Covid-19, apoyando metales en su piel y reclamando testimonio público. Ese mismo varón ya había aparecido en televisión en 2014, como “el hombre magnético”: una fábula reciclada por las pseudociencias, simpática para algunos, peligrosa para muchos. Y aunque aquel acto parezca una broma de mal gusto, sus efectos son solidarios con el miedo, con la ignorancia, con la desconfianza hacia la ciencia.

Quienes exaltan esa farsa no sólo desacreditan una vacuna que salva miles de vidas; están condicionando la salud pública, la confianza colectiva, el derecho básico de todo pueblo a cuidarse con conocimiento. Este acto no es un error inocente: es síntoma de una lógica más amplia muy de la mano del mercado, la privatización y el ajuste. Lo que podría parecer una anécdota pintoresca es entonces, en realidad, el síntoma de algo más profundo: la desinformación organizada que hoy se abraza con los discursos libertarios para atacar todo lo que huela a Estado, a ciencia, a cuidado colectivo.
Muy en la misma línea de actores y damnificados al comenzar esta semana, vivimos un cimbronazo en la industria: según datos oficiales, la producción manufacturera se hunde, las ventas internas caen, y lo que “vuelan” son las importaciones. Un panorama sombrío: fábricas con las máquinas paradas, obreros sin turnos, pequeñas
y medianas empresas que no pueden sostener los costos. Ese derrumbe productivo — alimentado por una apertura indiscriminada de importaciones — no es un dato técnico: es drama social, pérdida de identidad nacional, silencio de vapores de humo donde antes había vida y trabajo.
Y no es una casualidad: mientras el mercado interno se desmorona, la estrategia en curso parece favorecer a quienes no producen en el país, sino quienes importan barato — una forma moderna de concentración económica que revaloriza los dólares y devalúa los sueldos.

En ese contexto, las palabras de algunos de los empresarios más poderosos — como Paolo Rocca, al frente de Grupo Techint — se transforman en confesiones de desastre. Rocca advirtió que “Argentina no puede sustentarse solo en petróleo, energía, minería y agro” y reclamó una política industrial real. Es un pedido desesperado de quienes, a pesar de la incoherencia de su accionar político partidario, aún ven en la industria una posibilidad de futuro — un grito desde dentro del naufragio autoinflingido tal vez, pero del cual no pagan el mismo costo por sus “malas elecciones* que una familia que se queda sin sustento. Pienso, y permítanme decirlo más de entre casa, que fácil es pifiarla cuando hay un plan B o quizás un abecedario de planes de respaldo.
Al mismo tiempo, en lo global, los reclamos por justicia social y ambiental siguen chocando contra círculos de poder que priorizan el negocio por sobre la vida y por sobre la tierra. Otra cara del hilo conductor de este escrito que se repite como mantra: el mercado y su “lógica” .
Las cumbres, los discursos, los tratados — tantas promesas que suenan bien en las plazas del mundo, muchas veces regresan vacíos, sin compromisos firmes, sin memoria del pueblo, sin alma. Y así, lo real —un trabajador despedido, un barrio que ve su escuela vacía, una fábrica cerrada— queda afuera de la lupa mediática, pero profundamente adentro del dolor silencioso de millones. La COP30, la cumbre mundial sobre cambio climático que se desarrolló está semana en Belém (Brasil), concluyó — para muchos críticos — como una oportunidad desperdiciada. El documento final aprobó financiamiento para adaptación, sí; pero no fijó una hoja de ruta concreta para eliminar los combustibles fósiles, principal motor del calentamiento global.

La participación de Argentina fue prácticamente simbólica: no presentó sus nuevas metas climáticas, envió apenas tres técnicos y una funcionaria de bajo rango, y reafirmó una retórica soberanista que encubre — en los hechos — un retroceso ambiental. Es decir: mientras el mundo se enrostra con la urgencia del clima, aquí se prioriza que el petróleo siga fluyendo, sin importar los suelos, los humedales, los ríos, el futuro del campo y del pueblo.
Así, lo que estamos viendo, en clave local y nacional, es una apuesta por un modelo económico que liquida industria, precariza trabajo, prioriza importaciones y deja en manos del extractivismo — del petróleo, del agronegocio, de la especulación financiera — lo que debería ser soberanía social y productiva. Y en la agenda global, una reforma ambiental que suena a letra de cumplimiento remoto, mientras sigue la ofensiva sobre el territorio.
Mientras tanto, en el mundo estallan tensiones que —aunque parezcan lejos— repercuten en la Argentina real: las economías que ajustan, las derechas que avanzan, los sistemas de protección social que retroceden. Todo unido en un mismo mapa donde los pueblos pagan las cuentas del experimento ideológico de unos pocos.
Y aquí, en nuestra tierra, las noticias se encadenan como cuentas de un mismo rosario. Esta semana también se habló de “apechugar” tarifas impagables, de salarios que corren detrás y nunca alcanzan, de familias que ya no hacen cuentas: directamente recortan.
En Santa Fe, el espejo nos devuelve una imagen que ya conocemos: la seguridad como slogan, pero no como derecho. El crimen organizado ganando territorio, la policía desbordada, los barrios pidiendo respuestas que no llegan…
Y un gobierno provincial que prefiere el gesto rígido antes que la política profunda.
En el medio de todo esto, el pueblo sigue: trabajadores, docentes, pymes ajustadas como cuerdas de violín, jubilados que se vuelven equilibristas sin red. La cultura sosteniendo la memoria. Las universidades resistiendo la noche oscura del desfinanciamiento al igual que los hospitales públicos demostrando que, aun golpeados, priorizando lo humano contra lo mercantil , siguen siendo el último refugio de la dignidad.

Se acerca el año 2026 y se suelen hacer balances en todos los niveles de nuestra vida, donde la actividad de las organizaciones políticas, sindicales, sociales, intermedias y comunitarias debería estar incluida en los mismos.

Entre la supervivencia callejera de una Santa Fe que se asemeja a Calcuta y el refugio en tradiciones de ocasión, el autor reflexiona sobre el vacío de propuestas de los sectores populares frente a un presente de castigo y la necesidad imperiosa de ofrecer un proyecto que contenga a los privilegiados y a los olvidados.

El reciente descarrilamiento de una formación ferroviaria en el área metropolitana pone de relieve las consecuencias de la paralización de las obras públicas y el cese de la inversión estatal, dejando a la ciudad expuesta a accidentes que podrían evitarse con la culminación de la infraestructura proyectada.

Un informe del Centro de Economía Política Argentina revela una caída histórica de puestos de trabajo en sectores clave como educación y administración bajo la gestión de Maximiliano Pullaro, mientras se triplican los cargos jerárquicos y se profundiza el conflicto laboral en municipios y empresas del Estado.

Se identifica al gobierno de Milei como el enemigo principal, pero la práctica militante y dirigente sigue secuestrada por la carrera por los cargos y las listas, repitiendo las viejas recetas funcionales al sistema que se dice combatir.

La idea de cinismo solo aparece en la realidad cuando se reconoce socialmente que una persona o grupo miente descaradamente, y no tiene vergüenza de hacerlo.

Detrás de la reforma laboral se esconde un sofisticado proceso de manipulación cognitiva y un mandato permanente del capital transnacional, diseñado para desandar las conquistas de 1945 y devolvernos a un pasado de servidumbre.

No alcanza con tener razón en lo económico, si se pierde la batalla por el sentido. Un recorrido por la semana, desde Palestina hasta Plaza de Mayo, para entender por qué la disputa central es simbólica y comunicacional.

La federación que nuclea a los trabajadores municipales de Santa Fe paralizará las actividades la próxima semana ante la falta de una propuesta salarial que compense la inflación.

El despido del equipo técnico especializado deja al sistema de salud sin el nexo que garantiza las cirugías de alta complejidad para recién nacidos en todo el país.

La delegación argentina ante las Naciones Unidas respaldó la incursión militar en Venezuela bajo argumentos que fueron desmentidos por los propios informes de seguridad de Estados Unidos.

El vicejefe de Gabinete de la administración Trump desconoció la vigencia de las leyes internacionales y condicionó el comercio de las naciones latinoamericanas a la autorización de Washington.

El siniestro ocurrido entre Gualeguaychú y la frontera con Uruguay se produjo en un tramo con deformaciones profundas, en un contexto de caída histórica de la inversión pública en transporte.