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El presidente brasileño responde a las amenazas arancelarias de Trump, capitalizando el discurso de soberanía mientras la derecha, alineada con intereses extranjeros, pierde terreno electoral.
Internacionales18/07/2025 Redacción LMEEl presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha respondido con firmeza a las amenazas de Donald Trump, quien anunció un arancel del 50% a las exportaciones brasileñas a partir del 1 de agosto, en represalia por el proceso judicial contra Jair Bolsonaro, acusado de intentar un golpe de Estado en 2022. En un discurso televisado, Lula calificó la acción como un “chantaje inaceptable” y un atentado a la soberanía, acusando a sectores de la derecha bolsonarista de traicionar a Brasil al apoyar la presión extranjera. “No será un ‘gringo’ quien dé órdenes a este presidente”, afirmó Lula, prometiendo aranceles recíprocos a productos estadounidenses bajo la Ley de Reciprocidad Económica de 2024 si las amenazas se concretan.

La intervención de Trump, respaldada por Eduardo Bolsonaro desde Estados Unidos, ha generado un inesperado impulso político para Lula, quien enfrentaba una crisis de popularidad. Una encuesta de Quaest del 17 de julio muestra a Lula liderando con un 41% de intención de voto para 2026 frente al 37% de Tarcísio de Freitas, posible heredero del bolsonarismo, y un 43% contra un 37% frente a Bolsonaro, inhabilitado hasta 2030. El 79% de los brasileños cree que los aranceles perjudicarán sus vidas, y un 53% apoya la respuesta de Lula, reflejando un creciente sentimiento nacionalista. Este escenario ha permitido a Lula reposicionarse como defensor de la soberanía, un mensaje que resuena en su base y en sectores de centro que rechazan la injerencia extranjera, como expresó el senador Alessandro Vieira al condenar la postura de Trump.
La derecha bolsonarista, en cambio, enfrenta una crisis. Tarcísio de Freitas ha evitado pronunciarse sobre los aranceles, generando críticas por su ambigüedad. Un editorial de O Estado de S. Paulo lo acusó de alinearse con “un troglodita” que amenaza la economía, especialmente en São Paulo, el corazón industrial del país. Jair Bolsonaro, por su parte, celebró el apoyo de Trump, llamándolo “amigo” y comparando sus procesos judiciales. Esta postura ha alienado a sectores empresariales y agrícolas, aliados tradicionales del bolsonarismo, que temen las consecuencias de una guerra comercial con Estados Unidos, segundo socio comercial de Brasil con un superávit de 7.400 millones de dólares en 2024. Los aranceles podrían disparar la inflación, aumentando los precios de alimentos, medicamentos y combustibles, lo que afectaría directamente a la población.
Lula, consciente de los riesgos económicos, apuesta por el rédito político de un discurso patriótico. Una guerra comercial podría golpear sectores clave como el acero y la agroindustria, pero el presidente busca consolidar su imagen de líder capaz de unir al país frente a una amenaza externa. Mientras el gobierno negocia con Washington, enviando cartas al secretario de Comercio, Howard Lutnick, y al representante comercial, Jamieson Greer, para evitar los aranceles, Lula ha logrado capitalizar la situación. La derecha bolsonarista, atrapada entre su lealtad a Trump y la necesidad de defender los intereses nacionales, enfrenta un dilema que podría costarle caro en 2026. Su falta de una postura clara en defensa de la patria, combinada con la percepción de alineación con intereses extranjeros, está erosionando su competitividad electoral, dejando a Lula en una posición fortalecida frente a un enemigo común que une a los brasileños.

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