
Dos Modelos que nos reflejan
Martín Orellano
Más allá de los dos modelos de comunicación que se plantean entre los dos canales de noticias, y de los intereses ideológicos a los que ambas emisiones responden, en estos dos hechos se pueden desglosar algunos elementos interesantes para el análisis de lo que se está planteando, en el ida y vuelta, entre la propuesta y la recepción, entre lo que se consume y lo que se ofrece.

Empezar con lo sucedido a partir del gesto de Diego Leuco, me exime de dedicarle mayor cantidad de tiempo de lo necesario. El gesto de festejo, mientras su compañero anunciaba el temor del gobierno de que prontamente la cantidad de infectados en el país superaría los diez mil contagios diarios, lo justifica él mismo en su cuenta de Twitter aclarando que sólo se debía a que había pasado en ese minuto a liderar por décimas el rating televisivo.
Y en la aclaración la oscuridad se hace presente. El rating como el Dios a adorar, porque permite la facturación, ya ha sido estudiado numerosas veces por especialistas de la comunicación. Sólo aclarar que ese festejo es al mismo tiempo tan coincidente con lo que plantean diariamente desde ese medio, que la repercusión inmediata que obtuvo el gesto fue motivada por la misma coincidencia entre lo que se dice y lo que se hace. Habría que corroborar si todas las veces que su emisión ha pasado a liderar el rating, como hace varios meses que sucede, hizo el mismo gesto.
Pero por un momento seamos condescendientes y permitamos el margen de duda necesario. Festejar la décima de rating mientras se anuncian desgracias es un gesto, por lo menos, inadecuado. Y que al mismo tiempo muestra cuáles son las motivaciones primigenias y motorizantes de la comunicación. En el rating está la posibilidad de facturar o de cumplir un mandato que no tenemos identificado más que en las suposiciones.
Pero tampoco podemos obviar el espejo donde se refleja un sector de la población que ve en el posible fracaso del gobierno un motivo de festejo. Es que Leuco, al igual que tantos otros, mantienen un ida y vuelta entre sus espectadores y lo que generan. Poco importa el apego a la verdad o la incentivación al odio.
Ahora pasemos a la situación vivida por Lucila Trujillo en vivo con el fiscal Terán de Cutral Co. Mucho menos agradable todavía, pero en la cual explayarnos nos va a permitir aprendizajes más edificantes sin dudas.
La periodista, junto a Julián Guarino, se encontraba entrevistando al fiscal consultando sobre una entrevista previa en la que manifestó que las situaciones de violencia de género se podrían evitar si la mujer portaba un arma de fuego. El intercambio de opiniones fue levantando la tensión hasta que el fiscal le pregunta a Lucila Trujillo si ella utilizaría un arma. La respuesta que brindaba no le agradó al fiscal y levantando la voz - al mismo tiempo que la interrumpía-, insistentemente la quería obligar a que tomara una definición precisa por sí o por no.

Lo que siguió después fue un momento épico de la televisión argentina, no sólo por el nivel de agresión de un funcionario del poder judicial a una mujer, sino por la firmeza y la autoridad argumentativa que Lucila Trujillo sostuvo en su posicionamiento frente a la andanada de bravuconadas.
Una postura de dignidad que va a quedar en la retina de muchos y muchas.
Para ellas será un ejemplo de cómo plantarse, de cómo no callarse (¿recuerdan eso de "no nos callamos más"?), de que aunque tiemblen las piernas, la voz puede salir igual, de integridad, solidez argumentativa, valentía, coraje, templanza. Tal vez ese aplauso cerrado de sus compañeros de trabajo cuando la señal salió del aire, sea un justo reconocimiento, aunque tan pequeño ante semejante heroicidad.
Para nosotros un recuerdo de todo lo que no tenemos que hacer, una muestra de nuestra placidez en los privilegios obtenidos durante siglos de sometimiento, un espejo de cómo disfrutamos de mostrar nuestra brutalidad frente a los argumentos que nos contrarian, la incapacidad de escuchar a una piba por su género y edad. Recordaremos seguramente que vinieron a cambiar el mundo, que no las vamos a callar más, que lo que conocimos ya no existe, que ellas van a hacer un mundo mejor.
Y ahí la otra reciprocidad, la de otro sector, que si bien está atravesado por la cuestión política, también está reclamando esa integridad en los comunicadores. Que no consume humo y show y reclama que otro modo comunicacional sea posible. Las diferencias son aceptadas, no así los chantajes emocionales, no así la parafernalia carente de anclajes en la realidad.
Mención aparte que merece un destaque fue el rol de Julián Guarino en la discusión, no se calló frente al fiscal pero tampoco intentó protegerla (algo que yo mismo quería hacer de este lado del televisor) del ataque verbal levantando la voz, sin considerarla alguien débil a quien defender.
Seguramente el conocimiento por el tiempo de trabajo compartido hizo que entendiera que ella bien podía hacerse cargo de la situación, como efectivamente lo hizo, y que no por ser mujer era alguien con menores recursos.

Lucila Trujillo desde hace tiempo que viene demostrando un talento bastante escaso en los medios de comunicación: la integridad. Hoy se convirtió en nuestra heroína.
Todo lo que el movimiento y el pensamiento de mujeres ha ido planteando en este tiempo, fueron los hombros sobre los que una generación se está parando para gritarnos bien fuerte que esto no va más.
Valiente Lucila, enorme y digna.


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