
Se acerca el año 2026 y se suelen hacer balances en todos los niveles de nuestra vida, donde la actividad de las organizaciones políticas, sindicales, sociales, intermedias y comunitarias debería estar incluida en los mismos.
Después de dos años de pandemia, el Día de la Memoria volvió a las calles de manera contundente en muchos puntos del país. También volvieron los odiadores a simular desconcierto, denostar a los participantes y burlarse de banderas y cánticos.
Editoriales - #NuestraMirada26/03/2022 Gustavo Rosa
Los negacionistas que cuestionan el número de desaparecidos y resucitan a los Dos Demonios asomaron una vez más el hocico. Los refunfuñadores de siempre no callaron sus quejas al kirchnerismo que –según refunfuñan- se apropió de la fecha. Algunos periodistas del establishment cuestionaron la modalidad de las marchas: “deberían ser reflexivas y en silencio”, pontificaron. Claro, no entienden que la Memoria no significa un ancla, sino una perspectiva al futuro; que no es un lamento prolongado de individuos sino una construcción colectiva constante. No entienden porque no les conviene, por supuesto.
Tampoco entienden –o simulan- que “Nunca Más” no sólo es un rechazo a los golpes de Estado, sino también la exigencia de Justicia a los ejecutores y los instigadores. Además, incluye la necesidad de desmontar el (des) orden económico y social instaurado en aquellos años. Por eso, el Día de la Memoria debería marcar el rumbo de la Argentina deseada por la mayoría.
Casualmente –valga la ironía-, los denostadores de esta fecha no quieren ese país. Mentira que fuerzas políticas antagónicas quieren llegar al mismo punto por diferentes caminos. No se puede disminuir la pobreza precarizando el trabajo y desmantelando el sistema previsional. No hay desarrollo si se abren las importaciones de todo y se manda a los científicos a lavar los platos. Nunca van a derramar los ricachones que claman pagar menos impuestos por más empachados que estén. No quieren el mismo país esos privilegiados que ordenan respetar las reglas del juego; reglas que nadie puede citar pero sirven para que una minoría siga multiplicando el contenido de sus arcas mientras gran parte de la población recibe cada vez menos migajas.
El Día de la Memoria está para dejarlos al desnudo. Como no les da la cara para reivindicar la Dictadura, recorren sinuosos caminos que rozan la apología. Sus eufemismos son tan confusos que llegan a convencer a los desprevenidos. Un recorrido por los dichos de estos días demandaría mucho más que un apunte. Además, sabemos quiénes son, qué color los identifica, la embajada que visitan y el destructivo modelo que defienden.

El ex presidente Mauricio Macri es la síntesis de todo esto, pero, por supuesto, no es el único. El que calificó como curro los DDHH, que considera la Dictadura como “eso tan terrible que nos pasó”, que tilda a la democracia como “el peor de los sistemas pero el único posible", sale a ponderar a Menem. Más preocupado por el bridge que por el futuro de los argentinos, afirmó que Menem resolvió los problemas de La Grieta y pacificó el país. No hay que ser un experto para descifrar esto como un contundente aplauso a los indultos.
Convencido de que el Infame Riojano será reivindicado con el tiempo, Macri piensa que intentó “unir a los argentinos detrás de la producción, el empleo y progreso pacífico de la Argentina”. Nada de esto pasó: la convertibilidad destruyó la producción nacional, generó más desempleo y aniquiló el progreso. Sólo un constructor de amnesia puede balbucear tantas patrañas y seguir en carrera. Lo que admira de Menem es el desmantelamiento del Estado, la privatización de empresas públicas, la invasión de multinacionales, la integración al mundo como anexo del Imperio, la renuncia de la Soberanía a cambio de relaciones carnales.
Pero hay más, porque el ex gerente de La Rosada quiere retornar y sus promesas no son tan dulces como las de 2015, al menos por ahora. Muy cómodo en su sincericidio, amenazó con privatizar a Aerolíneas Argentinas con la excusa de que es un despilfarro de recursos públicos, un latiguillo que no tiene sustento. Y en un exceso de comodidad en su propio canal, confesó que “la democracia es un sistema improductivo porque requiere tiempo de debate y está llena de problemas”. En todo está su mirada empresarial. Pero no es el único: todos los juntistas comparten ese ideario porque representan intereses minoritarios. Los mismos que pergeñaron los golpes, la misma oligarquía que quiere incrementar sus privilegios, los mismos estancieros que hoy exhiben en las rutas sus tractores 0 km y sus camionetas de alta gama. La Democracia los incomoda si no satisface sus apetencias. El Día de la Memoria los pone en evidencia y saben que el Nunca Más los incluye.

Se acerca el año 2026 y se suelen hacer balances en todos los niveles de nuestra vida, donde la actividad de las organizaciones políticas, sindicales, sociales, intermedias y comunitarias debería estar incluida en los mismos.

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