La crisis financiera que sacude a Paraguay mantiene a casi tres millones de clientes de Ueno Bank sin acceso a sus cuentas bancarias y desató una ola de protestas que este jueves terminó por precipitar la renuncia del presidente Santiago Peña.

La Mecha EncendidaLa crisis financiera que sacude a Paraguay mantiene a casi tres millones de clientes de Ueno Bank sin acceso a sus cuentas bancarias y desató una ola de protestas que este jueves terminó por precipitar la renuncia del presidente Santiago Peña.

La intervención de una de las entidades digitales más importantes de ese país provocó un virtual corralito, mientras miles de ahorristas reclaman la devolución de su dinero y las autoridades intentan evitar que la desconfianza se extienda al resto del sistema financiero.
La situación se desencadenó a comienzos de esta semana, cuando el Banco Central del Paraguay (BCP) dispuso la intervención de Ueno Bank después de detectar graves problemas de solvencia. La decisión implicó la suspensión de las operaciones de la entidad y dejó a sus clientes sin la posibilidad de retirar fondos, realizar transferencias o utilizar normalmente sus tarjetas.
El conflicto adquirió dimensiones políticas por los vínculos comerciales que Peña había mantenido con el grupo propietario del banco. La investigación judicial, que ya derivó en la detención de ocho directivos, también puso bajo sospecha el manejo de depósitos públicos y fondos destinados a jubilaciones.
El origen del escándalo se remonta al lunes 2 de noviembre, cuando el Banco Central resolvió iniciar el procedimiento de intervención y resolución de Ueno Bank. La decisión se hizo pública al día siguiente, después de que las autoridades comprobaran que el índice de solvencia de la entidad había caído por debajo del 50% del mínimo legal exigido.
En términos financieros, esto significa que el banco no contaba con el capital suficiente para respaldar adecuadamente sus operaciones y afrontar los riesgos asumidos.
La situación se agravó por presuntas irregularidades contables y préstamos concedidos a empresas vinculadas con los propios accionistas del banco. Esas operaciones quedaron bajo investigación para determinar si existieron maniobras destinadas a ocultar el verdadero estado patrimonial de la entidad.
Ueno Bank había experimentado un crecimiento acelerado en los últimos años gracias a su plataforma digital y a una estrategia de incorporación masiva de clientes. Sin embargo, esa expansión terminó abruptamente cuando las autoridades ordenaron suspender sus servicios.
La intervención provocó un bloqueo generalizado de las operaciones bancarias. Los clientes quedaron imposibilitados de acceder normalmente a sus depósitos, utilizar las aplicaciones y disponer de los fondos que mantenían en la entidad.
Según los datos difundidos por el propio banco, Ueno tenía alrededor de 2,9 millones de clientes hasta junio de 2026, una cantidad equivalente a casi la mitad de la población de Paraguay.
Aunque esa cifra incluye usuarios de distintos productos financieros y no necesariamente representa tres millones de personas con depósitos inmovilizados, permite dimensionar el alcance social de la crisis.
El cierre de las operaciones afectó a trabajadores que cobraban sus salarios, jubilados que dependían de esas cuentas y familias que utilizaban la aplicación bancaria para afrontar sus gastos cotidianos.
Las escenas de desesperación se multiplicaron frente a las sucursales, donde numerosos clientes se encontraron con las puertas cerradas y sin respuestas inmediatas.
El episodio comenzó a ser comparado con el corralito argentino de diciembre de 2001, aunque existe una diferencia importante: en Paraguay, la suspensión de operaciones afecta específicamente a Ueno Bank y no constituye, hasta el momento, una restricción generalizada sobre los depósitos de todo el sistema financiero.












