
Para D10s que lo mira desde allá
Martín OrellanoQue Messi merecía una copa no lo podemos discutir, pero en el fútbol, eso de merecer es como en la vida, rara vez es real. Pero los planetas alineados, las manos de Dibu, la garra de De Paul y las patadas a Neymar, ordenaron el cosmos para que después de 28 años la Selección pudiera levantar una copa en las manos del mejor jugador del mundo, ése que cambia todos sus millones y sus títulos por levantar una copa del mundo.
No es posible imaginar un grito así sin pensar en Él. ¿Quién iba a gritar más que Él? Desde algún lado estaría viendo el partido, aunque la gran ladrona de la FIFA no lo hubiera dejado entrar. Porque él les gritaba en la cara que prostituían el deporte más lindo del mundo, y eso trae siempre consecuencias. Él hubiera sido feliz viendo la cara de Lionel llorando cuando el árbitro marcó el final del partido. Y seguramente hubiera festejado cuando Otamendi se clavó en el suelo y Neymar volaba por los aires.

¿Alguien duda de que todos pensamos en Él esta noche?
Claro que no sobró nada, había que meter y aguantar, había que sacar las espuelas y marcar. Y cada tanto asustar con los piques de Di María, con algún conejo que no terminaba de salir de la galera del mago y con el control del partido. No sobró nada pero tampoco faltó. Es que el fútbol no es sólo hacer un gol. Si es el deporte de la dinámica de lo impensado, no alcanza con llegar a inflar la red solamente. Es saber defender, controlar, pararse en la cancha, emprolijar y empiojar, cortar el juego rival y tener hambre de gloria.
Y ese hambre se pudo ver y palpar, en cada pelota dividida, en la defensa y en el ataque, siempre en plural, sin individuos que hagan la gran patriada, sino en bloques uniformes. Retomando aquello de que el héroe es el colectivo. Había un capitán, sin dudas, pero que no estaba solo. Tenía un grupo que se calzaba el mameluco para lograr un objetivo que venía siendo esquivo sin razones lógicas.
¿Cómo es que Messi no tenía su trofeo con la selección? Nos van a preguntar cuando revisemos los libros de historia dentro de muchos años. Repetiremos como loros que la vida no es justa, ni el fútbol tampoco. Como no fue justo perder la final del mundo en el 2014, como no fue justo que nos saquen en primera ronda con el equipo de Bielsa. Como no fueron justos los penales contra Chile. Como no fue justo que Diego no fuera campeón como técnico en un mundial (Aquella fue la última oportunidad que le di a Dios para demostrarme su existencia).

Ni que hablar de la vida, porque esa sí que no sabe lo que es justicia, por más que algunos vengan a enroscar la víbora y te hablen de que lo que tienen es porque trabajaron mucho, de que se lo merecen, y que vos seguramente no te esforzás lo suficiente. La vida no está ordenada en categorías abstractas, reparte cachetazos y caricias sin mucho sentido. Aunque a veces se da cuenta y se le escapa un tiro para nuestro lado, y te besa en la boca, y te deja levantar una copa, te deja alzar la mirada al cielo, te deja sonreír toda la noche.
Ahora el mundo es un poco mejor porque Messi es campeón con la celeste y blanca. Ahora la vida no es tan pérfida y se parece a caminar de la mano por la orilla de un río
Y Diego está contento donde quiera que esté.


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