
La crisis de Sadesa amenaza con desmantelar el corazón productivo de Esperanza
Martín OrellanoLo que supo ser la planta curtidora más importante del mundo, vinculada históricamente a la familia Galperín, atraviesa un proceso de vaciamiento que ha reducido su plantilla de más de 2.000 empleados a apenas 400 operarios y administrativos en la actualidad. Esta drástica caída no es un hecho aislado, sino el resultado de una estrategia de relocalización productiva hacia países como Tailandia, Paraguay y recientemente Vietnam, sumado a un cambio en las reglas de juego económicas a nivel nacional que ha herido de muerte la competitividad del sector curtidor local frente a la exportación de materia prima sin procesar.

El conflicto ha escalado en las últimas semanas debido a la presión de la empresa para renovar el Procedimiento Preventivo de Crisis, una medida que los trabajadores denuncian como una herramienta de extorsión. Bajo la amenaza de despedir a cien operarios adicionales y suspender a otros doscientos con apenas el 50% de sus salarios, la firma busca imponer condiciones laborales a la baja en un contexto donde los sueldos ya se encuentran deprimidos. Según testimonios del sector, un operario con quince años de antigüedad percibe ingresos que no logran cubrir las necesidades básicas, mientras la empresa aprovecha las nuevas flexibilizaciones de la reforma laboral para abaratar los costos de eventuales despidos subsidiados, dejando atrás una historia de contratos de prestigio con marcas globales como Adidas, Nike y Mercedes-Benz.
El origen de este quiebre institucional y productivo se remonta a una decisión estratégica del Gobierno Nacional tomada hace un año, impulsada por el actual Ministerio de Desregulación. La medida eliminó la protección histórica que favorecía a las curtiembres al nivelar las retenciones del cuero crudo salado con las del cuero ya curtido, permitiendo que el insumo básico salga del país sin valor agregado. En su momento, el argumento oficial sostenía que esta desregulación beneficiaría a los frigoríficos y productores ganaderos, permitiendo supuestamente una baja en el precio de la carne para el consumidor final. Sin embargo, la realidad de 2026 muestra un escenario opuesto: mientras la industria local se desintegra y los puestos de trabajo calificados desaparecen, el precio de la carne ha subido significativamente por encima de la inflación promedio, desmintiendo las proyecciones técnicas iniciales.
La crisis de Sadesa en Esperanza representa el fin de una era para la manufactura nacional de exportación. El traslado de talleres de costura y plantas de charol hacia el sudeste asiático evidencia una desconexión entre los capitales locales y el compromiso con el desarrollo regional que dio origen a la ciudad. Mientras las instalaciones en San Luis y Las Toscas ya forman parte del pasado, el último bastión de la curtiembre en Santa Fe lucha por su supervivencia en un marco donde el libre mercado ha priorizado la exportación de recursos primarios sobre el trabajo argentino. La incertidumbre se apodera de cientos de familias que ven cómo la "Pampa Gringa" pierde su motor industrial, transformando una potencia mundial del cuero en un territorio de galpones vacíos y salarios de subsistencia.



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