
Costos dolarizados, “intermediación parasitaria”, fuerte carga impositiva y las reglas que imponen las grandes empresas a lo largo de la cadena de valor empujan el precio y amenazan a productores— 20.000 tambos desaparecieron desde 1988—y consumidores, en los niveles más bajos en 30 años. “Las vacas comen en dólares y la leche se vende en pesos. Ahí arranca la distorsión”, denuncian campo adentro.






