
La construcción se reduce un 30% desde el 2023 en todo el país
La Mecha EncendidaEl sector de la construcción atraviesa una crisis estructural que redefine el mapa de la actividad económica tanto a nivel nacional como provincial.

Desde mediados de dos mil veintitrés, la actividad acumula una contracción cercana al treinta por ciento en todo el país, un desplome del cual los eslabones productivos aún no logran recuperarse.
Este escenario complejo se encuentra condicionado por dos factores concurrentes: la decisión del Gobierno nacional de paralizar de forma casi total la inversión en obra pública y el fuerte encarecimiento de los costos en el ámbito privado, históricamente consolidado como el motor de resiliencia ante los ciclos recesivos.
Si bien la provincia de Santa Fe registra un comportamiento marginalmente superior gracias a la determinación de la administración local de sostener partidas presupuestarias destinadas a infraestructura clave para el desarrollo regional, la tendencia hacia la desaceleración encendió las alarmas en las cámaras empresariales.
La retracción de la obra privada en territorio santafesino expone una encrucijada macroeconómica marcada por la inflación en dólares y el encarecimiento de los materiales de edificación.
El núcleo del problema radica en que los desarrolladores enfrentan constantes incrementos en las estructuras de costos operativos que el mercado inmobiliario actual es incapaz de convalidar. Existe un límite fáctico en la capacidad de absorción de la demanda, lo que impide trasladar las subas al valor del metro cuadrado de los proyectos nuevos.
Al quedar desfasados los precios de venta respecto a los costos reales de edificación, el incentivo para iniciar nuevos proyectos residenciales o corporativos tiende a disiparse, paralizando inversiones de mediano y largo plazo.
A este panorama se suma el comportamiento anómalo de los instrumentos de financiamiento disponibles.
Aunque la reaparición de los créditos hipotecarios generó expectativas iniciales de reactivación, la dinámica de colocación muestra que el flujo de capital no se está canalizando hacia la generación de nuevas unidades habitacionales. Por el contrario, los préstamos se orientan de forma mayoritaria hacia la adquisición de inmuebles usados, un fenómeno traccionado por la alta cotización en dólares del metro cuadrado a estrenar.
De esta forma, el circuito financiero alimenta el mercado del stock existente en lugar de dinamizar la demanda de mano de obra y el consumo de insumos industriales básicos como el acero y el cemento. La pérdida de dinamismo en la construcción privada no solo amenaza el sostenimiento del empleo sectorial, sino que consolida un estancamiento en el desarrollo urbano en un contexto donde la obra pública nacional permanece retirada sin expectativas de reactivación institucional.


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