Tercer acto de "piratería" tras la intercepción de otro buque por parte de EE. UU.

El gobierno de Nicolás Maduro acusó a la administración de Donald Trump de violar el derecho internacional y la soberanía naval, luego de que fuerzas estadounidenses confiscaran tres petroleros en menos de dos semanas bajo el argumento de aplicar sanciones económicas.
Internacionales22/12/2025La Mecha EncendidaLa Mecha Encendida

La relación diplomática entre Estados Unidos y Venezuela ha alcanzado un nuevo punto de ebullición tras reportarse la intercepción de un tercer buque petrolero en aguas del Mar Caribe durante la última quincena de diciembre. Esta serie de operativos, ejecutados por la Guardia Costera y el Ejército estadounidense, se enmarca en la política de bloqueo total impulsada desde Washington para asfixiar las exportaciones de crudo del país sudamericano. El caso más reciente involucra al navío "Bella 1", que se suma a las previas confiscaciones de los buques "Skipper" y "Centuries". Desde Caracas, la respuesta fue inmediata y contundente, calificando estas acciones como actos de piratería propios de "corsarios" modernos que operan al margen de los tratados internacionales de navegación.

El presidente Nicolás Maduro denunció que estos abordajes constituyen una agresión directa contra embarcaciones privadas en aguas internacionales, lo que representa una "grosera violación" de la Carta de las Naciones Unidas. Según las autoridades venezolanas, los operativos no cuentan con respaldo legal ni órdenes judiciales específicas, basándose únicamente en la política de sanciones unilaterales de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC). Por su parte, la secretaria de Seguridad Nacional de EE. UU., Kristi Noem, defendió las intervenciones alegando que los buques forman parte de una "flota fantasma" destinada a financiar al gobierno venezolano. Sin embargo, persisten dudas sobre la legalidad de los procedimientos, especialmente en casos como el del buque "Centuries", cuya propiedad pertenecería a empresas chinas y contaba con tripulación de esa nacionalidad.

La escalada bélica en la región no solo se limita a la incautación de crudo, sino que se desarrolla en un contexto de fuerte despliegue militar estadounidense bajo la premisa de la lucha contra el "narcoterrorismo". Mientras Washington sostiene que estas medidas son necesarias para presionar por un cambio de régimen político, Venezuela ha buscado apoyo en aliados estratégicos como Irán y China, quienes ya han expresado su condena a la denominada "jurisdicción de brazo largo" de Estados Unidos. La vicepresidenta Delcy Rodríguez ratificó que, pese al secuestro de navíos y la persecución financiera, la industria de hidrocarburos venezolana continuará operando de manera independiente, elevando el conflicto a tribunales y organismos internacionales para denunciar lo que consideran un robo sistemático de recursos nacionales en alta mar.

El impacto de estas acciones trasciende lo económico para situarse en el plano de la seguridad regional, con un Caribe patrullado por fuerzas que actúan invocando el "derecho de visita" para registrar barcos extranjeros sin mandatos claros. En su mensaje de cierre de año, el mandatario venezolano instó a la población a mantenerse en "lucha de calle" frente a lo que describió como un modelo colonialista que busca arrebatar la soberanía del país. Mientras tanto, la Casa Blanca mantiene su postura de no descartar ninguna opción, incluyendo la intervención militar, lo que deja el escenario abierto para una profundización de las tensiones en los primeros meses del próximo año, en medio de una comunidad internacional dividida entre el respaldo a las sanciones y el rechazo a las prácticas de intercepción naval unilateral.

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