
Lula condenó la masacre policial en Río: “El crimen no se combate sembrando más muerte”
La Mecha EncendidaEl presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, expresó su “horror” ante el saldo de al menos 132 muertos que dejó la operación policial desplegada ayer en Río de Janeiro contra supuestas bandas del narcotráfico. El operativo, que se extendió durante horas en varias favelas, es ya uno de los más sangrientos de la historia reciente de Brasil y abrió una crisis política entre el gobierno federal y la administración del estado de Río.

“Estoy horrorizado por el número de muertos”, declaró Lula en Brasilia, al tiempo que reclamó una investigación exhaustiva e independiente sobre lo ocurrido. “No toleramos que el crimen organizado siga oprimiendo comunidades, vendiendo drogas y sembrando violencia en nuestras ciudades, pero tampoco vamos a permitir que el Estado actúe sin control, poniendo en riesgo a niños, policías y familias inocentes”, señaló el mandatario.
Lula se mostró sorprendido porque una operación de tal magnitud se hubiera realizado “sin conocimiento previo del gobierno federal”, según confirmaron luego sus ministros. Desde el Palacio del Planalto informaron que el Ejecutivo ofreció al estado de Río peritos forenses, médicos y bases de datos de ADN para colaborar con la identificación de las víctimas y el esclarecimiento de los hechos.
El enfrentamiento, ocurrido en vísperas de la visita del príncipe William al país, dejó barrios enteros bajo fuego cruzado y una profunda conmoción social. Diversas organizaciones de derechos humanos denunciaron ejecuciones extrajudiciales y uso indiscriminado de la fuerza, mientras los familiares de las víctimas reclamaron respuestas frente a la militarización de la seguridad en los barrios populares.
La declaración de Lula marca un duro contraste con el discurso de mano dura que impulsa el gobernador de Río, Cláudio Castro, quien defendió la acción policial calificándola como “una victoria contra el crimen”. Desde el entorno presidencial, en cambio, se insiste en que “el combate al narcotráfico no puede convertirse en licencia para matar”.
Con el país sacudido por las imágenes de los cuerpos en las calles y la indignación en las redes, la tragedia de Río vuelve a exponer una herida profunda: la violencia estructural que castiga a los pobres y el dilema entre seguridad y derechos humanos en una democracia que, una vez más, se pone a prueba frente a su propio dolor.


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