
Argentina, Bolivia y Paraguay participan en Washington de una cumbre que busca reinstalar la doctrina de "terrorismo de izquierda" en la región
La Mecha EncendidaEl secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, encabezó este jueves una reunión con funcionarios de 66 países, entre ellos los cancilleres de Argentina, Pablo Quirno; de Paraguay, Rubén Ramírez Lezcano; y de Bolivia, Fernando Aramayo, junto al número dos de la SIDE argentina, José Lago Rodríguez. Bajo el nombre de "Reunión ministerial sobre el resurgimiento del terrorismo político", el encuentro convocó a aliados estratégicos para coordinar una respuesta global contra lo que la administración de Donald Trump define como una amenaza de la violencia política de extrema izquierda, en una iniciativa que ya fue denunciada por organizaciones de derechos civiles de Estados Unidos como un mecanismo para criminalizar a la oposición interna.

Rubio calificó esas críticas de "ficción partidista" y afirmó que el "prejuicio ideológico" generó un punto ciego en la lucha antiterrorista. Durante su discurso, mencionó a los tupamaros, montoneros, las FARC, el ELN y Sendero Luminoso como ejemplos históricos de esa amenaza, y vinculó la supuesta violencia de izquierda con las protestas de 2020 en Estados Unidos tras la muerte de George Floyd, aunque no hizo referencia al indulto presidencial a más de 1.600 condenados por el asalto al Capitolio en 2021.
El asesor de Seguridad Nacional, Stephen Miller, principal estratega de la línea dura del trumpismo, detalló la directiva NSPM-7, que ordena a todas las agencias de inteligencia y justicia identificar, desfinanciar y procesar a estos "terroristas políticos". Miller afirmó que el terrorismo de izquierda busca el derrocamiento del sistema de gobierno y que "siempre termina en derramamiento de sangre, miseria y sufrimiento". La cumbre forma parte de una estrategia regional que ya incluyó el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y el armado del "Escudo de las Américas", una doctrina militar para el continente.
Esta ofensiva discursiva retoma los ejes de la Doctrina de Seguridad Nacional que en las décadas de 1960 y 1970 justificó golpes de Estado y dictaduras en Sudamérica, bajo el mismo paraguas de la lucha contra el "terrorismo" y la "subversión". En aquel entonces, como ahora, la categoría se utilizó para deslegitimar cualquier proyecto político que cuestionara el orden establecido. The Hill, el portal estadounidense que cubrió la cumbre, consignó que grupos de defensa de los derechos civiles de ese país sostienen que la iniciativa del gobierno de Trump es una táctica para silenciar a la oposición interna, una crítica que Rubio desestimó como "ficción partidista".


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