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title: "Ciudades azules: cómo repensar Santa Fe para que sea más accesible a las personas con autismo"
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description: "Menos ruido, recorridos más previsibles, zonas de calma, señalización clara y una iluminación que no abrume. La propuesta de las “ciudades azules” busca incorporar la accesibilidad cognitiva y sensorial al diseño urbano y plantea una nueva manera de pensar plazas, calles, edificios públicos y sistemas de transporte."
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date_published: "2026-08-31T07:48:00-03:00"
date_modified: "2026-08-31T08:20:03-03:00"
tags:
  - "Ciudades Azúles"
  - "Santa Fe"
author_name: "La Mecha Encendida"
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category_name: "Provincia de Santa Fe"
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# Ciudades azules: cómo repensar Santa Fe para que sea más accesible a las personas con autismo

Una ciudad puede ser accesible para una **silla de ruedas** y, sin embargo, resultar difícil de recorrer para una **persona autista**. El problema puede estar en el ruido del tránsito, las luces intensas, una señalización confusa, una plaza sin espacios de calma o un edificio público imposible de comprender a simple vista. Repensar esos lugares para que sean más previsibles, sensibles y amigables es el desafío que plantean las llamadas “**ciudades azules**”.

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La propuesta parte de ampliar la idea tradicional de **accesibilidad**. No alcanza con eliminar **barreras físicas**: también es necesario considerar cómo las personas perciben, procesan y experimentan los espacios urbanos. Para quienes tienen **autismo**, determinados sonidos, olores, luces, multitudes o estímulos visuales pueden provocar una **sobrecarga sensorial** y convertir una actividad cotidiana en una experiencia agotadora.

“¿Qué podemos hacer nosotros para que se integren más fácilmente a la vida cotidiana de todos?”, se preguntó el arquitecto y urbanista **Álvaro García Resta**, uno de los autores de **Ciudades azules, accesibles, sensibles y empáticas**. La pregunta, sostuvo, implica dejar de exigir a las **personas neurodivergentes** “otro esfuerzo más para formar parte de lo que para nosotros es lo común, lo tradicional, lo de todos los días”.

La idea no es construir una ciudad exclusiva para personas con autismo. Por el contrario, el planteo busca que las modificaciones realizadas desde la **neurodiversidad** mejoren la **experiencia urbana** del conjunto de la población.

“En esa búsqueda encontramos miles de cosas posibles, porque hay tantas posibilidades como personas. La neurodiversidad, en algún punto, nos agarra a todos”, señaló **García Resta**. Y resumió el principio que atraviesa la propuesta: “Si pensamos ciudades más amigables para ellos, para nosotros también son más amigables”.

Llevada al **territorio santafesino**, esa mirada implica revisar desde una plaza hasta un edificio público. En los espacios verdes, por ejemplo, se pueden incorporar **zonas de calma**, alejadas de los sectores de mayor actividad y ruido. Los juegos infantiles pueden ubicarse de manera que no interfieran con áreas destinadas al descanso y pueden elegirse materiales y vegetación que reduzcan estímulos sonoros, visuales u olfativos excesivos.

En las calles y veredas, el **objetivo** es que los **recorridos puedan “leerse”**: **mobiliario ordenado**, **circulación sin obstáculos inesperados**, **señalización clara** y **pavimentos continuos** pueden facilitar la orientación. La **sombra** y los **lugares de pausa** también pueden funcionar como refugios durante los recorridos, especialmente en una ciudad donde las **altas temperaturas** forman parte de la vida cotidiana.

La misma lógica puede trasladarse a hospitales, oficinas públicas, terminales y otros edificios de uso masivo. **Pictogramas**, **códigos visuales**, líneas que indiquen recorridos y **sistemas de señalización** que no dependan exclusivamente de la lectura pueden hacer más comprensible un espacio. Una **iluminación regulable** y **soluciones acústicas** que reduzcan el eco y el ruido también pueden disminuir la sobrecarga.

Para **García Resta**, el primer recurso que necesitan los gobiernos locales para avanzar en esa dirección no es necesariamente una gran inversión, sino una disposición distinta frente al diseño urbano.

“La primera es la **empatía**, la capacidad de ponerse en el lugar del otro”, afirmó. Y explicó que pensar desde la **neurodiversidad** supone un esfuerzo adicional: “Es voluntad de querer pensar un patio de juegos para **niños neurotípicos** de 10 o 12 años que salieron del colegio, que es lo típico, no hay que enojarse con eso, sino para aquellos que más les cuesta”.

La clave, agregó, es comprender que diseñar de otra manera no significa hacer algo especial para un grupo determinado. “No es hacerlo distinto, es hacer lo mejor. No es hacerlo especial para, sino que es hacer lo mejor para todos”.

La accesibilidad sensorial también puede pensarse como una herramienta para recuperar algo que las ciudades parecen haber perdido: la posibilidad de permanecer y encontrarse con otros.

**García Resta** contó que buena parte de los proyectos que realizó en **Buenos Aires** estuvieron vinculados con “resignificar lugares para ser más amigables con la experiencia de la gente”. La lógica es sencilla: un espacio en el que las personas se sienten bien favorece que permanezcan allí; y permanecer genera posibilidades de encuentro y socialización.

El ruido es un ejemplo. Una música demasiado intensa, una sucesión de estímulos o un ambiente difícil de procesar pueden provocar que una persona quiera irse aun cuando no sea plenamente consciente de la razón. “Tenemos que hacer mejores lugares para tener mejores relaciones”, sostuvo.

En ese sentido, las ciudades enfrentan también el desafío de combatir **nuevas formas de aislamiento**. “La amenaza, entre comillas, de nuestro tiempo son las **segregaciones**: meternos para dentro con nuestro celular”, planteó. Y consideró que esa tendencia puede afectar de manera todavía más fuerte a quienes encuentran mayores dificultades para relacionarse y socializar.

**García Resta** conoció **Santa Fe** durante su visita y destacó especialmente la relación de la ciudad con el agua y el paisaje. “Me fascina la ciudad que tienen, los espacios que tienen, la relación que tienen con el paisaje, con los componentes del paisaje, con el agua”, dijo.

A su entender, ese vínculo con el entorno constituye una oportunidad para pensar una ciudad más amigable sin perder su identidad. “Me parece que tienen una ciudad espectacular”, sostuvo, aunque aclaró que la intención de su libro no es ofrecer un modelo para copiar.

“Con la cultura que tenemos, la identidad que tenemos, la ciudad que tenemos, darle una vueltita de rosca en la perspectiva para hacerla mejor”, propuso.

**Santa Fe** ya cuenta con un antecedente en esa dirección. En **2025**, mediante la **Ordenanza N.º 13.059**, se creó el programa **DiversaMente**, destinado a promover la accesibilidad cognitiva y sensorial en edificios públicos y espacios de gran afluencia. La norma contempla zonas de menor estimulación, dispositivos para la autorregulación sensorial y emocional, señalización accesible, salas sensoriales, capacitación del personal municipal y la posibilidad de implementar un “Sello Espacio Neurodiverso Amigable”.

El desafío que plantea la perspectiva de las **ciudades azules** es llevar esa mirada un paso más atrás: no esperar a que un espacio esté construido para adaptarlo, sino incorporar la **accesibilidad cognitiva y sensorial** desde el momento en que se diseña una plaza, una calle, un edificio o un sistema de movilidad.

Más que una receta para transformar una ciudad, el autor propone cambiar la pregunta desde la que se la diseña. No se trata solamente de preguntarse si una persona puede entrar a una plaza, cruzar una calle o acceder a un edificio, sino también si puede comprender ese espacio, recorrerlo sin sobrecarga y encontrar allí un lugar donde quedarse.

Porque una ciudad pensada para que distintas formas de percibir el mundo puedan convivir no pierde identidad ni se vuelve especial: se vuelve, simplemente, más habitable.

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