---
canonical_url: "https://lamechaencendida.com.ar/contenido/5834/es-la-comunicacion-estupidos"
title: "Es la comunicación, estúpidos"
article_type: "Article"
description: "No alcanza con tener razón en lo económico, si se pierde la batalla por el sentido. Un recorrido por la semana, desde Palestina hasta Plaza de Mayo, para entender por qué la disputa central es simbólica y comunicacional."
main_image: "https://lamechaencendida.com.ar/download/multimedia.miniatura.80f8fb0856024834.bWluaWF0dXJhLndlYnA%3D.webp"
date_published: "2025-12-07T16:49:00-03:00"
date_modified: "2025-12-07T16:52:51-03:00"
tags:
  - "Comunicación"
  - "Construcción de Sentido"
author_name: "Martín Orellano"
author_url: "https://lamechaencendida.com.ar/usuario/2/martin-orellano"
category_name: "Editoriales - #NuestraMirada"
category_url: "https://lamechaencendida.com.ar/categoria/8/editoriales-nuestramirada"
---

# Es la comunicación, estúpidos

Cuando intento hacer silencio para ordenar ideas, siempre vuelve lo mismo: todo aquello que nos atravesó en la semana. Miramos el mundo y vemos a Rusia sentándose con India para comerciar en sus propias monedas; vemos a Trump bajando el tono con China cuando se sientan cara a cara. Mientras tanto, en Palestina, el “alto el fuego” no es más que una máscara que permite seguir avanzando sobre un pueblo prácticamente aniquilado. Décadas de ocupación y violencia, resumidas en titulares que duran dos minutos.

Pero volvamos a casa.

En Argentina apareció un hashtag surrealista: #GraciasMilei. Gracias por los aviones F-16, máquinas viejas sacadas de la primera película de Top Gun, no de la última. Y, aun así, noteros encuentran personas llorando en Plaza de Mayo, agradecidas, sintiéndose “orgullosas de ser argentinas” porque llegaron unos fierros usados.

![milei-petri-presentacion-f16-argentina](/download/multimedia.normal.8477bb27adfdd4fa.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

Simultáneamente, otros periodistas salen a la calle con un micrófono y preguntan a la gente cómo está. La respuesta es siempre la misma: mal. No alcanza. Personas con dos trabajos llegan al cinco de diciembre pidiendo plata prestada para comer. Y cuando les preguntan por el gobierno, responden: “La política no me interesa, yo igual tengo que salir a trabajar gane quien gane”.

Lo entiendo: sobre esto hablamos mil veces. Pero sigo en loop, repitiendo el mismo mantra: no es la economía. Es la comunicación.

Un amigo me discute: “No, es la economía, fijate: inflación, FMI, préstamos, swap, dólar, planchar precios”. Pero no. Si la representación mayoritaria de los trabajadores no puede convencer a quienes están fundidos de que un proyecto neoliberal nunca los va a salvar, el problema no es material: es simbólico. Es comunicacional.

Y ya lo vivimos. No funciona ahora, no funcionó en los 90, ni en los 70. Eso no es adivinación, es historia. Sabemos qué mecanismos empujaron cada crisis: desde el 29 de abril de 1982, cuando la Plaza pedía paz y trabajo y los militares, en su desesperación, convocaron a la Guerra de Malvinas porque el proyecto económico estaba agotado; pasando por la “revolución productiva” que terminó siendo relaciones carnales y 52% de pobreza; hasta el estallido del 2001 con su tragedia cotidiana de salir a buscar trabajo y comida cuando no había nada.

Conocemos esas crisis porque las vivimos. En mi caso, 50 años: atravesé el 89, el 2001 y estoy viendo construirse otra crisis frente a mí, como quien mira un auto ir a 200 km/h contra una pared.

Y lo más brutal: si hoy Milei se presentara a la reelección, no tenemos la certeza de que no ganaría. La construcción de sentido se hizo. Se solidificó. Está adentro. Hay compañeras y compañeros en la pobreza que siguen creyendo que “cuando rebalse el vaso” algo les va a tocar. Nadie les está mostrando un sueño mejor.

Nadie está proponiendo un sueño.

Ese es nuestro problema: no tenemos resortes comunicacionales para convencer, convocar, proponer. Nadie está diciendo: “Si ganamos, tu vida va a mejorar”. Nadie está planteando públicamente un proyecto con esperanza. Hay células sueltas, islotes dispersos que no interpelan a las mayorías preocupadas por conservar sus pocas certezas.

Muchos tienen vergüenza de decir “soy peronista”. Muchos se camuflan detrás del “yo no me meto”, se esconden detrás de la pauta, detrás del silencio que solo fortalece al enemigo.

Ahí está nuestro desafío. Ahí está nuestra militancia.

Sostener un micrófono, con puño cerrado y brazo levantado, para convocar a imaginar un país distinto. Recuperar el sueño no desde la grandilocuencia, sino desde el lugar que nos pertenece: el de las y los trabajadores.

Porque no es la economía, estúpidos. Es la comunicación.

---

*Contenido creado y optimizado para IA con [Medios CMS](https://medios.io)* — Plataforma profesional para la gestión de medios digitales y portales de noticias.
