DEMOCRACIA QEPD (Capítulo VII)

Los gobiernos parecen estar ausentes de los “detalles” de nuestra vida cotidiana porque tienen "cosas más importantes” en que ocuparse, mientras acá abajo la realidad cruje cada día con más fuerza.

Editoriales - #NuestraMirada 26/02/2023 Antonio M. Yapur

Un relato 

En una visita a la verdulería, mientras hacía una cola que era bastante larga, decidí sentarme en una tabla que desempeñaba el rol de banco, a mi lado había un señor que también estaba esperando su turno, comenzamos a conversar pues nos conocíamos de vista.

Mi lugar, así le llamo a la zona donde vivo, es un corredor a la vera de muchos ríos y riachos que aportan sus caudales al otrora gran coloso -aunque aún imponente- Río Paraná. Allí, muchos nos conocemos desde hace años aunque no sepamos con exactitud nuestros nombres y apellidos.

Con este señor comentábamos lo caro que estaban las verduras y las frutas, me decía que él venía una vez por semana a esta verdulería porque era mucho más barata y algo podía comprar.

Mientras transcurría la charla, me contó cómo los ganaderos de nuestra zona estaban apropiándose de las islas. Llevaban grandes maquinarias para deforestar y así poder criar su ganado. 

Y me decía que durante varios años, él fue puestero en una de las islas y que su patrón le obligaba a andar armado para no permitir la entrada de los cuatreros. 

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Contaba que en las islas los cuatreros no iban tanto, pues les era muy difícil trasladar el ganado robado y que por lo general se rateaban entre ellos porque tenían balsas jaulas para hacer el traslado.

-Y usted se imagina que cuando veía que venían en pandilla a cuatrerear, yo ni aparecía por más arma que tuviese, porque eran muchos y me iban a hacer cagar, yo lo respetaba a mi patrón, pero boludo no soy.

A todo esto y mientras esperábamos el turno, le pregunté si sabía porque estaba tan cara la zanahoria, si se sembraba y cosechaba en toda nuestra zona, me dijo:

-Usted sabe que hace unos años yo tenía en arriendo 4 hectáreas, allí por el Km 18 y sembrábamos con la familia, las zanahorias se las tirábamos a los chanchos para que coman, había mucha cantidad. Lo mismo con las sandías. Todo era barato hasta que vinieron los empresarios.

-¿Cómo?, porque dice hasta que vinieron los empresarios.

-Y sí, antes vendíamos directamente al verdulero lo que sembrábamos, zanahorias, sandías cuando era la época, frutilla, lechuga, achicoria. Todo lo que teníamos sembrado. El verdulero nos llamaba por teléfono y nosotros íbamos a la quinta y les preparábamos los bultos. Toda mercadería fresca.

-¿Y ahora?

-No ahora no, ahora tienen que venderle a los empresarios y ellos le venden al verdulero o lo llevan al Mercado de Abasto. Fíjese usted que vive aquí, yo siembro achicoria pero no puedo vendérsela porque sino el empresario no me compra más. Entonces le vendo a él que las lleva al Mercado de Abasto, allá cerca de Recreo, el mayorista la compra y se la vende al verdulero y el verdulero a usted. ¡Vio cuántos ganan antes de que usted la coma!

-Si entiendo, ¡es una barbaridad!

-Y ni hablar de la zanahoria, resulta que hace unos años, la zanahoria se la vendíamos al empresario porque nos prohibían venderla directamente, decían por la trazabilidad.

-¿Cómo?, ¿qué es eso?

-Y sí, el empresario nos compraba la cosecha, ellos la llevaban hasta la ciudad de La Plata, allá en Buenos Aires, porque decían que ahí le daban la autorización para venderla y de ahí la volvían a traer al Mercado de Abasto y después al verdulero... Ja, ja, la única zanahoria que se salvaba era la que guardábamos para los chanchos –y se reía a carcajadas-.

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Entonces, ¿Y la Democracia?

Esta conversación muestra como un empresario o unos empresarios o intermediarios o los dueños del Mercado de Abasto o los inversores (así le dicen cuando imponen seriedad), profesan la fe del “libre juego del mercado” con los alimentos de consumo humano. No les interesa si el otro, el semejante, come o deja de alimentarse por designio de ese mercado.

El empresario presiona libremente al productor no comprándole si éste no entra en su juego de imposiciones. El mismo empresario le pone precio a su producción, luego ellos deciden a cuanto la deben vender en las verdulerías, almacenes o mercados.

A esta arbitrariedad del ladrón la llaman “libertad de mercado” y los gobiernos la avalan.

Los gobiernos están ausentes en estos “detalles” de nuestra vida cotidiana, ellos se ocupan de otras cosas, “las importantes”.

Entre esas otras cosas “importantes” por ejemplo, es dejar que los propietarios de los campos (muchos, para no ser extremista) hagan lo que quieran con lo que se produce en ellos.

Ni hablar de cosas más “importantes” aún, como es viajar mensualmente a Nueva York para rendir cuentas al amo.

Pero lo esencial es que para nuestros gobernantes (podríamos decir muchos o muchísimos, para no ser absolutos), la propiedad privada es intocable, inalienable, es el Olimpo a partir del cual todo es subyacente. Así están formateados nuestros gobernantes y dirigentes.

Deben gobernar entonces, para ese Olimpo, fuera de él, todo es tentación demoníaca como podría ser la propiedad social o nuestros alimentos.

Para ellos el “productor” que puede hacer lo que quiere con la tierra que es de “su propiedad”, entonces la rentan a los pools de siembra. 

Así se fue despoblando nuestro campo y los llamados chacareros, campesinos, viven lejos de las necesidades sociales y de lo que significa la producción de sus campos para la sociedad. 

Viven en pueblos y ciudades, colocan la renta que les pagan a los pools de siembra en fondos de inversión, en fideicomisos inmobiliarios y otras trampas financieras. Pero se cuidan de seguir llamándose “el campo” para sostener esos privilegios corporativos.

Son los habitantes del limbo que da paso al Olimpo, al que nunca llegarán a pesar que se purifican con el lavado de dinero que le hacen los cancerberos del Olimpo, los bancos.

La tierra para ellos no produce alimentos para la vida humana o no humana, sino solo inversiones financieras. El costo de los alimentos no está vinculado a su producción sino a la cotización en los mercados. 

Traducción: a la arbitrariedad del ladrón.

El litro de leche lo pagás según la codicia del ladrón y lo significativo es que a esos ladrones de guante blanco, vos no les decís nada solo les pagás.

De maneras muy parecida te estafan con la carne, los fideos, el queso, la leche y aquí detengámonos un poco. Te voy a narrar un cuento que quizás no lo tenés registrado.

¿Te acordás de las cooperativas lácteas?, sí, de Milkaut, SanCor y otras, bueno ya no lo son. ¿Te acordás del noble origen que los chacareros y productores lácteos hicieron de ellas? 

Nos explicaban que el capital cooperativo tenía como objetivo garantizar el bienestar de los chacareros, la continuidad de la producción y esencialmente hacer que la leche, el queso, la manteca sean un alimento para toda la sociedad.

Bueno, ahora ya no son cooperativas en manos de los productores, ya no producen alimentos lácteos. Esos productores, los chacareros, las han vendido a empresas multinacionales europeas. Los alimentos son inversiones a pesar de tu hambre.

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Ya no les importa alimentar a los argentinos y argentinas, sólo les interesa utilizar las riquezas del suelo argentino para producir leches, quesos, mantecas para proveer a mercados europeos o de otra índole, mercados que le produzcan pingües ganancias a pesar del hambre de los argentinos.

Ahí está parada la democracia argentina, una democracia que no controla el uso de las riquezas de nuestro país, pero que sí se ocupa de despojar a la población argentina aún con un discurso “popular”.

Esta democracia sólo lo es por su nombre, no por los hechos. Nuestros dirigentes (bueno, no todos para no ser extremista) tienen formateado el pensamiento a tal punto que para ellos la democracia es el arte de adecuarse a los intereses económicos. 

Así caminan por las legislaturas o las casas de gobierno. Son dirigentes políticos resignados a sostener la mano levantada para agraciar a sus patrones y tener el machete listo para castigar la rebelión.

Es la democracia de la distopía, sus dirigentes creen que solo es necesario hacer lo posible y tienen aprendido que lo posible es lo que los empresarios les permiten hacer.

Nuestros dirigentes políticos (no todos para no ser absoluto) están convencidos en el principio neoliberal donde nosotros, el pueblo, debemos recibir lo que rebasa del vaso, o las migas que se caen de la mesa del patrón.

Lo que nuestros dirigentes niegan o ignoran (no todos para no ser absoluto), es que el vaso del patrón es cada día más grande.

La democracia actual pone en riesgo la vida humana y no humana. Ser dirigente partidario, gobernante, legislador es una necesidad imprescindible. El gran problema está en cómo piensan el país nuestros dirigentes. Mientras pidan permiso para gobernar, la democracia estará en riesgo.

Y mientras nosotros también pidamos permiso, la pondremos en riesgo cada día que pase.

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Fuentes:  *Ing. Antonio Miguel Yapur, periodista y escritor - Editor del Diario Digital HoraCero

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